Si has seguido nuestro blog, ya sabrás lo importante que es tener una mente despierta y atenta a todas las circunstancias para poder sacar conclusiones que de otro modo pasarían desapercibidas. Así, una casualidad que se presente ante la persona adecuada se puede convertir en un gran avance, como ya hemos visto en los distintos descubrimientos serendípicos de los que hemos hablado: la quimioterapia, los rayos X, el viagra...
Sin embargo, a veces hablamos de pseudoserendipia, es decir, “designar descubrimientos accidentales que logren culminar un camino de búsqueda, en contraste con el significado de la verdadera serendipia, la cual describe descubrimientos accidentales de cosas no buscadas”, como la definió por primera vez Royston M. Roberts en 1986. Como el caso de Arquímedes y la corona de Hierón que os narramos en la primera entrada. A esta definición hay que sumar aquellos descubrimientos que se culminan inspirados por una “revelación”.
Uno de los casos de pseudoserendipia más destacados tuvo como protagonista a Charles Goodyear. Este investigador americano investigaba en la producción de un caucho que pudiera aguantar los cambios de temperatura, haciéndose más resistente. Según cuenta la historia, esto lo consiguió tras años de esfuerzo cuando, por accidente, se le cayó un recipiente que contenía azufre y caucho encima de una estufa. Tras el fortuito descuido, observó que el material se endurecía y se hacía impermeable. A este proceso lo denominó “vulcanización del caucho”, en honor al dios Vulcano, deidad romana del fuego. Esto ha permitido el uso de este material en multitud de aplicaciones.
Retrato de Charles Goodyear
Otro descubrimiento casual fue el de la estructura del benceno, pues se sabía que este compuesto estaba formado por seis átomos de carbono, pero no cómo estos se disponían. Asombrosamente se descubrió gracias a... ¡UNA PESADILLA!
August Kekulé estudiaba la estructura del benceno en su laboratorio, pero con la metodología empleada no había conseguido llegar a su objetivo. Sin embargo, como él mismo contó, el hallazgo se produjo cuando se quedó dormido en su silla y empezó a soñar con serpientes. “Una de las serpientes había mordido su propia cola, y la forma giró burlonamente ante mis ojos”, relataba posteriormente. En ese momento se despertó sobresaltado dándose cuenta de que el benceno tenía forma hexagonal. De este modo se descubrió la estructura de este compuesto, actualmente utilizado como constituyente de combustibles, detergentes, explosivos, fármacos…
Representación del sueño: la serpiente que se muerde la cola rodeando la estructura del benceno
Llama la atención que Kekulé había ya descubierto tras otro sueño que los átomos de carbono podían enlazarse con sí mismos. Años después, el famoso periodista húngaro Arthur Koestler diría que fue "probablemente el más importante sueño de la historia desde que José soñó con siete vacas gordas y siete vacas flacas".
Otto Loewi experimentó algo semejante en 1920. Este fisiólogo alemán estaba convencido de que la sinapsis entre neuronas se debía a una sustancia química, pero nunca lo había conseguido demostrar. Una noche, Loewi tuvo un primer sueño sobre lo que debía hacer para confirmar su hipótesis, se despertó, cogió un papel y lo escribió... Desgraciadamente por la mañana solo encontró garabatos.
Asombrosamente la noche siguiente el sueño se repitió. Esta vez Loewi corrió a su laboratorio y realizó el experimento , consiguiendo detectar el primer neurotransmisor descubierto, la acetilcolina. Gracias a esto obtuvo el Premio Nobel de medicina en 1936.
Han sido numerosos los descubrimientos realizados por pseudoserendipia, no solo en ciencias como los contados en esta entrada, sino también en otros campos. El hecho, de que estos hallazgos se produzcan por puro azar es bastante improbable, basándose en esto el psicólogo suizo Carl Gustav Jung reparó que estos casos están conectados de una forma tan significativa, al permitir culminar un trabajo después de un largo y duro camino, que tiene que existir un nexo entre lo inconsciente y la serendipia a lo que denominó “Principio de sincronicidad”, que permite que se produzcan estos casos.
Y que no se os olvide: “Todos tenemos sueños. Sin embargo, con el fin de convertir los sueños en realidad, se necesita una gran cantidad de determinación, dedicación, disciplina y esfuerzo” (Jesse Owens)
- “Casualidades, coincidencias y serendipias de la historia” Gregorio Doval (pag.319 - 320)
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ResponderEliminarUna de las entradas más curiosas, sin duda!👏
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