"Que la suerte os acompañe"

viernes, 25 de noviembre de 2016

Culmen fortuito

Si has seguido nuestro blog, ya sabrás lo importante que es tener una mente despierta y atenta a todas las circunstancias para poder sacar conclusiones que de otro modo pasarían desapercibidas. Así, una casualidad que se presente ante la persona adecuada se puede convertir en un gran avance, como ya hemos visto en los distintos descubrimientos serendípicos de los que hemos hablado: la quimioterapia, los rayos X, el viagra...
        Sin embargo, a veces hablamos de pseudoserendipia, es decir, “designar descubrimientos accidentales que logren culminar un camino de búsqueda, en contraste con el significado de la verdadera serendipia, la cual describe descubrimientos accidentales de cosas no buscadas”, como la definió por primera vez Royston M. Roberts en 1986.  Como el caso de Arquímedes y la corona de Hierón que os narramos en la primera entrada. A esta definición hay que sumar aquellos descubrimientos que se culminan inspirados por una “revelación”.

       

        Uno de los casos de pseudoserendipia más destacados tuvo como protagonista a Charles Goodyear. Este investigador americano investigaba en la producción de un caucho que pudiera aguantar los cambios de temperatura, haciéndose más resistente. Según cuenta la historia, esto lo consiguió tras años de esfuerzo cuando, por accidente, se le cayó un recipiente que contenía azufre y caucho encima de una estufa. Tras el fortuito descuido, observó que el material se endurecía y se hacía impermeable. A este proceso lo denominó “vulcanización del caucho”, en honor al dios Vulcano, deidad romana del fuego. Esto ha permitido el uso de este material en multitud de aplicaciones.

Retrato de Charles Goodyear

Otro descubrimiento casual fue el de la estructura del benceno, pues se sabía que este compuesto estaba formado por seis átomos de carbono, pero no cómo estos se disponían. Asombrosamente se descubrió gracias a... ¡UNA PESADILLA!



August Kekulé estudiaba la estructura del benceno en su laboratorio, pero con la metodología empleada no había conseguido llegar a su objetivo. Sin embargo, como él mismo contó, el hallazgo se produjo cuando se quedó dormido en su silla y empezó a soñar con serpientes. “Una de las serpientes había mordido su propia cola, y la forma giró burlonamente ante mis ojos”, relataba posteriormente. En ese momento se despertó sobresaltado dándose cuenta de que el benceno tenía forma hexagonal. De este modo se descubrió la estructura de este compuesto, actualmente utilizado como constituyente de combustibles, detergentes, explosivos, fármacos…

Representación del sueño: la serpiente que se muerde la cola rodeando la estructura del benceno
Llama la atención que Kekulé había ya descubierto tras otro sueño que los átomos de carbono podían enlazarse con sí mismos. Años después, el famoso periodista húngaro Arthur Koestler diría que fue "probablemente el más importante sueño de la historia desde que José soñó con siete vacas gordas y siete vacas flacas".

Otto Loewi experimentó algo semejante en 1920. Este fisiólogo alemán estaba convencido de que la sinapsis entre neuronas se debía a una sustancia química, pero nunca lo había conseguido demostrar. Una noche, Loewi tuvo un primer sueño sobre lo que debía hacer para confirmar su hipótesis,  se despertó, cogió un papel y lo escribió... Desgraciadamente por la mañana solo encontró garabatos.
        Asombrosamente la noche siguiente el sueño se repitió. Esta vez Loewi corrió a su laboratorio y realizó el experimento , consiguiendo detectar el primer neurotransmisor descubierto, la acetilcolina. Gracias a esto obtuvo el Premio Nobel de medicina en 1936.
        Han sido numerosos los descubrimientos realizados por pseudoserendipia, no solo en ciencias como los contados en esta entrada, sino también en otros campos. El hecho, de que estos hallazgos se produzcan por puro azar es bastante improbable, basándose en esto el psicólogo suizo Carl Gustav Jung reparó que estos casos están conectados de una forma tan significativa, al permitir culminar un trabajo después de un largo y duro camino, que tiene que existir un nexo entre lo inconsciente y la serendipia a lo que denominó “Principio de sincronicidad”, que permite que se produzcan estos casos.



Y que no se os olvide: “Todos tenemos sueños. Sin embargo, con el fin de convertir los sueños en realidad, se necesita una gran cantidad de determinación, dedicación, disciplina y esfuerzo” (Jesse Owens)

REFERENCIAS:

  1. “Casualidades, coincidencias y serendipias de la historia” Gregorio Doval (pag.319 - 320)

viernes, 18 de noviembre de 2016

Dulce y casual


A todos nos parece normal ver a las personas mayores tomar sacarina con el café en vez de azúcar. Incluso es posible que muchos de nosotros la hayamos utilizado con el objetivo de quitarnos de encima los “kilitos” de más después de las vacaciones. Sin embargo, no todos sabemos cómo apareció este dulce descubrimiento… ¡Tan serendípico que se te hará la boca agua!

Constantin Fahlberg era un químico ruso que trabajaba en el laboratorio de Ira Remsen, en la recién inaugurada Universidad de John Hopkins en Baltimore, estudiando posibles derivados del alquitrán de hulla .

El día 27 de febrero del año 1879, Fahlberg volvió a su casa después de trabajar y se dispuso a cenar. Mientras comía, notó un extraño sabor dulce en el pan. Tras pedirle a su esposa que lo probara y al no notar ella este sabor, Fahlberg cayó en la cuenta de que probablemente se debiera al compuesto que había estado manejando en el laboratorio esa misma mañana. Como podéis imaginar,  en aquella época los científicos no estaban tan concienciados sobre la importancia de la higiene en el laboratorio, por lo que era fácil que se les quedara impregnada en las manos alguna sustancia.

Manos impregnadas de derivados de hulla

Decidió continuar investigando sobre este compuesto, que resultó ser el “anhidroortosulfaminebenzoico”;  o más conocido como “sacarina”. Al entender el enorme potencial industrial que se podría obtener de él, Fahlberg no tardó en patentarlo. Sin embargo, al hacerlo  únicamente  incluyó su nombre, dejando de lado a su compañero y jefe Remsen, a pesar de haber firmado conjuntamente el artículo donde se describía la síntesis de la sacarina. Cuando éste se enteró, se enfureció tanto que incluso llegó a decir: “Fahlberg es un sinvergüenza. Me produce náuseas escuchar mi nombre en la misma frase que el suyo”.

A pesar de las diferencias con Remsen, Fahlberg continuó trabajando hacia el comercio de su producto. Aunque fue hasta años más tarde, en la Primera Guerra Mundial, cuando la venta de la sacarina fue un éxito, debido en gran parte al racionamiento del azúcar.
Actualmente, la sacarina sigue utilizándose con mucha frecuencia y podemos encontrarla en numerosos productos de la industria. Su fama se debe a que prácticamente no contiene calorías ya que no puede ser digerida por el cuerpo. ¡Un gramo puede tener menos de 5 calorías! Personas que padecen enfermedades tan comunes tales como diabetes, obesidad o simplemente que buscan llevar una dieta más saludable, la consumen habitualmente.

Taza de café y pastillas de sacarina
Por otra parte, se están realizando numerosos experimentos para comprobar el posible carácter cancerígeno de diversos edulcorantes. Entre los más polémicos se encuentran el aspartamo, el ciclamato, la sucralosa y, por supuesto, la sacarina. Para éste último ha habido evidencia experimental tanto a favor como en contra de su uso.

Fahlberg, como tantos otros científicos cuyas historias os contamos en este blog, fue capaz de aprovechar un accidente y transformarlo en algo útil, pues en esto se basa la SERENDIPIA.

Y que no se os olvide: “Las venturas más dulces para el alma son las que nos llegan sin esperarlas.” (Edmond Thiaudiere)

REFERENCIAS
1. http://www.curistoria.com/2009/11/la-sacarina.html
2. http://principia.io/2015/02/27/27-de-febrero-de-1879-descubrimiento-de-la-sacarina/
3. http://www.abc.es/sociedad/abci-peculiar-origen-antihigienico-sacarina-201608050907_noticia.html

lunes, 14 de noviembre de 2016

Un viaje inesperado


Mucha gente desconoce que el LSD, una de las drogas más conocidas actualmente, fue descubierto de manera casual. Su descubridor fue el importante químico suizo Albert Hofmann, que además de ser la primera persona del mundo en sintetizar LSD, fue el primero en ingerirlo, pues probó sus efectos en sus propias carnes, o como él decía “en espíritu propio”.

El LSD se descubrió en 1938, en los laboratorios de la farmacéutica Sandoz, la actual Novartis. Hofmann investigaba con distintos productos naturales, entre los que estaba el ácido lisérgico. A partir de este, sintetizó el LSD con la intención de obtener un estimulante para la circulación y la respiración. Sin embargo, la sustancia fue descartada, ya que no producía ningún efecto en los animales de experimentación más que cierta intranquilidad.

Albert Hoffman.

No obstante, cinco años después Hofmann aún no se había olvidado del LSD y una corazonada le llevó a sintetizarlo de nuevo. Como él mismo relata en su diario, el viernes 16 de abril de 1943 se vio obligado a marcharse antes a casa al sentir un repentino malestar estando en el laboratorio. Allí se acostó y durante dos horas sufrió alucinaciones marcadas por “imágenes fantásticas de una plasticidad extraordinaria y con un juego de colores intenso, caleidoscópico”, como él mismo describiría más adelante.

Este episodio le llevó a pensar que había ingerido de algún modo una pequeña cantidad de la sustancia que estaba sintetizando. Asique decidió realizar un autoensayo, algo completamente desaconsejable en ciencia, como ya hemos visto en entradas anteriores.

Para ello, el lunes siguiente preparó una pequeña dosis de la droga y la ingirió. Poco tiempo después tenía serias dificultades para hablar y le pidió a su ayudante que le acompañara a casa. Durante el viaje, que siempre realizaba en bicicleta, su campo visual se alteraba y tenía la sensación de estar inmóvil, aunque realmente había pedaleado muy deprisa. Desde entonces, el 19 de abril ha pasado a ser el día mundial de la bicicleta. Una vez en casa, volvió a experimentar durante horas las terroríficas alucinaciones. Sin embargo, al día siguiente, una vez superado “el viaje”, se sentía como nuevo. Hofmann había sido la primera persona de la Historia en drogarse con LSD, jamás habría imaginado las consecuencias que esto tendría en el futuro.

Cuando envió el informe a sus superiores, estos se mostraron incrédulos, ¡e incluso hasta ellos mismos probaron el LSD!, eso sí, en una dosis aún más pequeña que la utilizada para el autoensayo de Hofmann. A partir de aquí se inició una investigación de los efectos de la droga en animales, ya que en dosis bajas podía ser utilizado como fármaco por sus posibles aplicaciones en psiquiatría. De hecho, en 1947 los laboratorios Sandoz lo comercializaron, bajo el nombre de “Delysid”, y fue usado en el estudio de la psicosis. En su prospecto, se sugería que el terapeuta tomara también el fármaco para comprender mejor el estado mental de sus pacientes.

Formato común del LSD como droga, en cartones, este en concreto representa el famoso viaje en bicicleta de Hofmann.
Pero tras más de diez años de investigación, el LSD fue adoptado por la gran ola de toxicomanía surgida en occidente y en Estados Unidos a finales de los cincuenta. Muy tristemente para Hofmann y Sandoz, el LSD escaló de forma rapidísima como droga al usarse en dosis elevadas, manteniéndose durante mucho tiempo como la más famosa del mercado negro mundial. Todo empezó con el uso del estupefaciente por parte de artistas, teólogos y filósofos, pero poco a poco el LSD acabó llegando a todas las escalas sociales de la población. Esto conllevó que en 1962 fuera catalogado como droga experimental y en 1966 Sandoz dejara de comercializarla.

Albert Hofmann muere en 2008, con 102 años, sabiendo que el LSD podría haber sido utilizado para estudios de psiquiatría, pero que su uso en las calles conllevó su prohibición.

Y que no se os olvide: “La diferencia entre un veneno, una medicina y un narcótico, es sólo la dosis.” (Albert Hofmann)

REFERENCIAS
Diario de Albert Hofmann: http://www.maps.org/images/pdf/mpc-sp.pdf

miércoles, 9 de noviembre de 2016

El señor de las batatas

Todos sabemos a qué nos referimos cuando hablamos de “La Píldora”; y es que este método anticonceptivo, desde que se comercializó en los años 60, ha marcado un antes y un después en nuestra cultura.

Su historia comienza con el químico Russel E.Marker en la Universidad de Pensilvania, donde consiguió producir artificialmente progesterona, una hormona sexual femenina, entonces empleada para corregir desórdenes menstruales o prevenir abortos. Sin embargo, el proceso para obtenerla era demasiado laborioso y costoso, lo que hacía difícil su difusión.

Píldora anticonceptiva, formato años 60

Con el fin de hacerla llegar a la mayor cantidad de pacientes posible, Marker se propuso abaratar su producción. Lejos de darse por vencido, buscó posibles fuentes de obtención de uno de los compuestos claves: las sapogeninas ¡Y lo encontró en un tipo de batatas que se cultivaban en México! Al serle imposible conseguir financiación de ninguna compañía farmacéutica, dejó su puesto de trabajo y se trasladó a México en un acto de valentía. Allí recolectó sus propias batatas y consiguió sintetizar progesterona a partir de ellas.

Russel E.Marker con sus batatas

Cuando comprobó que sus experimentos tenían éxito, entró en colaboración con los dueños de un laboratorio, naciendo así la compañía mexicana Syntex. Aunque, al no entenderse con sus socios en materia económica, la estancia de Marker no duró mucho. A pesar de la ausencia del químico, Syntex continuó creando hormonas sexuales, con el fin de administrarlas a pacientes. Pero en ningún momento tuvieron en mente crear un fármaco anticonceptivo.

Tras la partida de Marker, Syntex firmó un convenio con la UNAM (Universidad Autónoma de México) para que los estudiantes pudieran realizar allí sus investigaciones de licenciatura, bajo la tutela de los químicos Djerassi y Rosenkranz. Fue un 15 de Octubre de 1951 cuando uno de estos estudiantes, Luis Ernesto Miramontes, mientras intentaba sintetizar una hormona llamada estradiol, se topó por casualidad con una sustancia  que tenía efectos anticonceptivos.
Como este compuesto tenía algunas impurezas, Miramontes, con la ayuda de Djerassi, lo purificó y volvió a probar su efecto. Para su sorpresa, el compuesto sin impurezas no funcionaba. Investigando, descubrió que eran esas "impurezas" las que le daban al compuesto la función deseada. Así dio con la noretindrona, un compuesto similar a la progesterona, pero no idéntico. Si bien no fue el único componente de la primera píldora, sí se trataba de uno de los más importantes.
El único problema era que había que suministrarlo inyectado, pero sin desperdiciar la oportunidad que les había brindado el azar, la empresa se puso manos a la obra para modificar este compuesto y hacerlo ingerible. Al fin, en 1956, Syntex llevó al mercado el primer anticonceptivo oral.
Primera nave de Syntex y personal científico de la empresa.

Como humildemente reconocería Djerassi, la casualidad tuvo un papel fundamental en este descubrimiento, “de no haber sido por nosotros, algún otro científico hubiera dado con la fórmula para evitar embarazos a través de la administración de hormonas” afirmaba en una entrevista en el año 2000.

La primera píldora comercializada fue por tanto fruto de la valentía, el trabajo y el tesón de muchos científicos y, como no... de la Serendipia.

Y que no se os olvide: “El éxito no se logra sólo con cualidades especiales. Es sobre todo un trabajo de constancia, método y de organización.” (Jean-Pierre Serget)

REFERENCIAS:
1. “El origen de Syntex: una enseñanza histórica en la ciencia mexicana” Felipe León Olivares
3. http://sipse.com/archivo/un-mexicano-padre-de-la-pildora-anticonceptiva-grafico-179696.html


viernes, 4 de noviembre de 2016

La píldora del amor

Hoy hablaremos de uno de los casos más recientes de serendipia, lanzado al mercado el 27 de marzo de 1998. Se trata de una píldora de color azul, considerada como uno de los grandes inventos del siglo XX y una de las invenciones más rentables de la historia de la medicina. Lo más asombroso es que se descubrió por mera casualidad, buscando un medicamento contra la angina de pecho. Efectivamente, hoy hablaremos del citrato de  sildenafilo… o para entendernos mejor, el viagra.
        Durante varios años antes de la aparición del viagra se trató de buscar, sin éxito, una solución contra la disfunción eréctil. Giles Brindley fue el primero en conseguirlo, el problema es que su fármaco debía inyectarse directamente en el pene para que tuviera efecto. Pero… ¿Quién sería el valiente en usarlo? Giles lo fue, se encargó de demostrar lo bien que funcionaba su descubrimiento ante la Asociación Urológica Estadounidense en 1983, desnudándose en directo y mostrando el resultado al público. Imaginaos la cara de sorpresa de los científicos ante tan inesperado espectáculo.
        Justamente en los años 80, al comenzar una investigación para encontrar un tratamiento contra la angina de pecho y la hipertensión arterial, empieza la historia que llevaría a la farmacéutica Pfizer al éxito. Para ello se usó el viagra que aumentaba el flujo sanguíneo en el corazón. Tras pasar los primeros controles se empezó a probar en humanos, pero no se obtuvieron los resultados esperados. Para el asombro de los investigadores, los hombres no dejaban el ensayo y, sospechosamente, les pedían más pastillas. Al buscar efectos secundarios, vieron que todos sufrían fuertes erecciones, lo que conllevaba una notable mejora de su actividad sexual… ¡Ahora todo cuadraba! Inmediatamente, los investigadores de la farmacéutica se dieron cuenta del uso que habían encontrado para el viagra y se empezó un nuevo estudio con un objetivo totalmente diferente.... En pocos años se empezaría a comercializar el primer fármaco contra la disfunción eréctil.

Píldoras de viagra con su característico color azul
Cuando se comercializó, Pfizer supuso que la comprarían principalmente hombres por encima de los 50 años, pero nunca esperó una demanda tan grande como la que tuvo. Muchísima gente ansiaba tener más y mejores relaciones sexuales, lo que hizo que durante el primer año se vendiesen más de mil millones de píldoras. Ello fue en buena parte mérito de la buena campaña de marketing, en la que destacó el vistoso color azul que se dió a las píldoras… ¡Incluso varios famosos las publicitaron! Como el futbolista Pelé.
        Sin embargo, esta maravillosa píldora no deja de ser un fármaco y como tal no se debe abusar de su consumo. Entre otros efectos secundarios, el viagra puede producir problemas cardiovasculares si se toma una cantidad mayor a la recomendada o se combina con otras sustancias que alteren su efecto. Además, si las erecciones se prolongaran más de 4 horas se debe ir al médico inmediatamente.
        Este caso de serendipia nos enseña cómo de importante es estar atento a todas las variables que puedan producirse en investigación, pues un fracaso puede convertirse en un gran éxito.

viernes, 28 de octubre de 2016

¡¿Qué rayos han sido esos?!

Todos conocemos la cara de una persona la primera vez que ve una radiografía, mirando alelada sin comprender cómo es posible tomar una fotografía del interior del cuerpo. Entonces nos podemos imaginar cuál fue la cara de sorpresa de Wilhelm Conrad Röntgen, el descubridor de los Rayos X… Sobretodo porque fue por pura SERENDIPIA.

Wilhelm Conrad Röntgen

Wilhelm Conrad Röntgen era un físico alemán que investigaba en la Universidad de Wurzburgo. El 8 de noviembre de 1895, mientras se encontraba estudiando las características de ciertos gases y de los rayos catódicos, que son un tipo de corrientes de electrones , llevó a cabo un asombroso descubrimiento. Justo cuando iba a desconectar su equipo de estudio, observó un extraño resplandor amarillo-verdoso. Al encender y apagar varias veces el equipo, este suceso se repetía. Fue entonces cuando sospechó que podría tratarse de un nuevo tipo de rayos, a los que denominó “Rayos X”, o “Rayos incógnita”, debido a su desconocido origen

Durante las siguientes 7 semanas, continuó investigando este misterioso resplandor. En ese tiempo Wilhelm pudo demostrar que estos nuevos rayos conseguían atravesar diferentes materiales tales como el papel e incluso algunos metales. Quería probar si, además, podrían atravesar la piel, pero no podía manejar el instrumento a la vez que exponerse a sí mismo a la radiación. Por ello, pidió ayuda a su esposa; tenía que colocar la mano en una placa fotográfica mientras él la exponía a un chorro de Rayos X. Al revelar la fotografía, encontraron una clara imagen de  sus huesos de la mano y de su anillo. ¡La primera radiografía de la historia! Ya os imagináis cuál fue su reacción… 

A pesar de que en este caso no ocurrió nada, es conveniente no realizar los primeros experimentos en humanos. ¡Y aún menos con tu mujer!


Fotografía de la primera radiografía de la historia. Se observan los huesos de la mano y el anillo de la esposa de Wilhelm Conrad Röntgen
  A partir de ese momento, Wilhelm fue reconocido por varias instituciones gracias a su descubrimiento, recibiendo premios tales como la Orden de la Corona, concedido por el mismísimo emperador de Alemania Guillermo II; la Medalla Rumford de la Real Sociedad de Londres e incluso tuvo el honor de ser el primer Premio Nobel de Física que se otorgó en el año 1901.
Sin embargo, no fue hasta años más tarde  cuando se advirtió a la comunidad científica del peligro que podía suponer una exposición a los Rayos X debido a las propiedades cancerígenas que poseen,  por producir mutaciones en el ADN. Estos estudios los llevó a cabo el renombrado inventor Nicola Tesla, antes de verse involucrado en la conocida guerra de las corrientes contra Edison.
Desde su descubrimiento, se han encontrado un sinfín de aplicaciones prácticas a los rayos X. La más conocida es en el campo de la salud, en radiología, donde han permitido detectar enfermedades o traumatismos para poder ponerles solución. Pero también se utiliza para el estudio de fósiles, en el proceso de salado de jamones o para comprobar la pureza de piedras preciosas… En conclusión, ha influido en muchos aspectos importantes de nuestra vida diaria.
Ahora ya sabes cómo se descubrieron los Rayos X, otra historia en la que una persona fue capaz de ver lo que sería invisible para el resto y convertirlo en un gran avance para la humanidad.